América,  Perú

Lo mucho que esconde una pequeña placa en Perú

El recuerdo que dejamos los españoles en las gentes andinas está teñido de sangre, de sangre y lágrimas de miles de personas. Así lo recuerda esta placa conmemorativa situada en la Plaza de Armas de Cuzco (Perú), donde fue ejecutado Túpac Amaru II, el líder de la «Gran Rebelión», en 1781, a manos de españoles. La tortura y desmembración a la que lo sometieron quedaron marcadas para siempre en los peruanos, pero eso no les impidió mantener la esperanza y las fuerzas para seguir avanzando. Por desgracia, y en gran medida por nuestra culpa, aún les queda mucho por avanzar.

Este poema del peruano Alejandro Romualdo nos recuerda esa mancha en la historia española, a la vez que advierte de que el grito de libertad es imparable y contundente. Y, finalmente, inevitable.

«CANTO CORAL A TÚPAC AMARU (QUÉ ES LA LIBERTAD)

«Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto»

Micaela Bastidas

Lo harán volar
con dinamita. En masa,
lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes
le llenarán de pólvora la boca.
Lo volarán:
¡y no podrán matarlo!
Lo pondrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos,
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán
¡y no podrán matarlo!
Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos, con golpes. Y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo
Lo golpearán:
¡y no podrán matarlo!
Le sacarán los sueños y los ojos
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpes de matanza
lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!
Lo podrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
¡y no podrán matarlo!
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.
Y no podrán matarlo».

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