Uno de los templos de Zhanghua
Asia,  China,  Jingzhou

Templo budista de Zhanghua, en Jingzhou (Hubei)

Si una no va buscando y preguntando por templos en esta ciudad, es difícil adivinar por qué rincones pueden esconderse. Jingzhou, para españoles (hablo de nosotros con conocimiento de causa, pero seguro que para los provenientes de otros países pequeños será más de lo mismo), es una ciudad gigante: alrededor de seis millones de habitantes pueblan su área metropolitana. Sin embargo, para los chinos, es poco más que un pueblo: ya les he oído varias veces decir lo pequeña que es (pequeñísima, sí).

Seis millones de persona, apenas una ciudad

Pero la cuestión es que, pese a no ser una ciudad importante, está llena de edificios de gran tamaño, aunque muchos sean ya terriblemente viejos y cerca de la demolición a dedo del Gobierno. Eso nos lleva a que, en la marabunta de personas y edificios, una, desde luego, no espera hallarse con un templo como este, aunque sea austero. Supone una pausa del constante ruido y acoso de los vehículos (aunque también entran a este recinto, por cierto -creo que, mientras no sea por cuestiones físicas, un vehículo puede entrar aquí donde le dé la gana, tristemente-) y, por qué no decirlo, también una pausa del infinito fluir de gente, que puede llegar a ser agobiante, aunque, como decía, para los lugareños no sea más que un «pueblo».

Por eso, sorprende que, entre edificios modernos y altos o viejos, nos topemos con una puerta o arco como este, que ya adelanta lo que nos podemos encontrar:

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Contexto del templo

China es un país de contrastes: en los últimos años, ha crecido a nivel económico vertiginosamente y, mientras que a muchos los ha ayudado a enriquecerse, a otros los ha dejado por el camino. Por eso, es algo rutinario encontrarse escenarios como los que siguen. La primera imagen es la misma puerta, pero desde el lado en el que más allá encontramos el templo; reparad en lo nuevo que es el edificio alto del fondo y la pobreza de los edificios de la derecha. La segunda imagen muestra, a la izquierda, un edificio terriblemente deteriorado en el que todavía vive gente, al menos, en el segundo y cuarto pisos; en cambio, junto a él, vemos ya uno de los edificios que colindan con el templo, visiblemente en mejores condiciones.

Restaurante vegano anexo al templo

A la derecha de la fachada del edificio que da entrada al recinto del templo, y también anexo a aquel, hay un restaurante vegano (que antes era un buffet, aunque ya no) que merece la pena visitar. Es más caro que la media de bares y restaurantes en la ciudad, pero no deja de ser barato para un sueldo español: gran cantidad de comida -estaba ocupada comiendo y se me olvidó hacerle la foto a la totalidad- para dos personas por 100 yuanes (unos 12 euros, en total).

El templo

La entrada a los templos es gratuita. Nada más cruzar la puerta del edificio de entrada y los metros que restan hasta el recinto interior, nos encontramos con varias construcciones del mismo estilo arquitectónico: pagodas.

Encaminándonos hacia la derecha, vemos todavía más, todas con un contraste de colores muy característico y llamativo:

Una pagoda que contiene reliquias

Hasta llegar a este monumento que, a los europeos, nos recuerda sin duda a un obelisco, pero que es otro tipo de pagoda.

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Le pregunté a la señora que vendía souvenirs en el puestecito que podéis ver junto a esta torre qué era exactamente lo que simbolizaba aquello, pero sirvió para poco más que echarnos unas risas por no entender ni papa de lo que decía el traductor de mi móvil. Más tarde, me diría otra persona china que esta torre simboliza el lugar en el que Buda (o algún maestro budista importante) fue enterrado, con lo que todos los retazos de corcho o madera con flecos que veis colgando del monumento son peticiones a la deidad: por la familia, por la salud, por dinero, por todo aquello que suelen pedir las personas religiosas a lo largo y ancho del mundo. Y, en lo alto de la pagoda, se supone que están guardadas unas reliquias llamadas sarira.

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Cuatro facetas de Buda

Más allá de esta pagoda, encontramos un pequeño templo con varias estatuas de Buda unidas, cada una con distintos objetos, como simbolizando cuatro facetas distintas, que recuerdan inevitablemente al Brahma hinduista. Están situadas en el centro del edificio, rodeadas por cuatro pequeños jardines o patios descubiertos.

Y cada figura tiene su correspondiente altar, como podéis observar en la siguiente imagen. Hay, además, una pequeña estatua feminizada, pero de ello hablaremos más adelante:

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Una pagoda junto a un estanque

Todavía más alejados de la entrada principal, nos encontramos con otras pagodas y un pequeño estanque. Como podéis apreciar, dentro del estanque hay una estatua de figura humana de color blanco inmaculado sobre un pez que la sostiene sobre el agua. En otras condiciones, afirmaría casi en el acto que se trata de una mujer, pero, conocida ya la feminización de las figuras religiosas y viendo ese gesto de la mano derecha que se le suele atribuir a Buda, me arriesgaré a decir que se trata, precisamente, de él. No obstante, en algún templo (pienso en el taoísta de Xuan Miao, también en Jingzhou) he llegado a ver una figura casi idéntica, pero con pechos más notables. Pero ese ya es problema para otro día.

Esta última y alta pagoda tiene una escalera particularmente interesante por sus grabados y por las figuras que encabezan su balaustrada:

Y es ciertamente chocante el edificio que está a apenas unos metros (como se puede apreciar en la fotografía) detrás de esta pagoda:

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Ceremonia budista

Regresando por otra ruta hacia la parte primera del recinto, dimos con el origen de los cánticos que llevábamos ya rato escuchando: estaban en plena ceremonia en uno de los templos. Nos pareció un sonido algo desconcertante, por lo repetitivo, lo desconocido de sus palabras y, si se me permite decirlo, por lo desagradable del sonido en sí. Podéis escuchar todas estas cosas en el vídeo que adjunto al final de la publicación, que contiene varios fragmentos de las distintas escenas que grabamos allí.

Podría parecer algo desacertado o maleducado fotografiar un momento religioso como este, pero las personas que se dieron cuenta de nuestra presencia (aunque estuvieran rezando) no solo nos saludaron, sino que nos hicieron gestos para que nos uniéramos a ellos. La sociedad china, especialmente la perteneciente a ciudades pequeñas (volvamos a imaginar unas enormes comillas alrededor de esta última palabra) o pueblos, no está acostumbrada a encontrarse con caras occidentales y les supone un enorme género de atracción, pero, en fin, ese ya es otro tema.

Solo como detalle curioso nombraré el hecho de que, contrastando con los edificios más o menos austeros de este recinto, hay diversos carteles electrónicos en algunos de ellos. Resulta, al menos en una primera impresión, algo totalmente anacrónico. Es como pasar en un instante de varios siglos atrás (si obviamos también los coches que hay por ahí aparcados, claro) al presente.

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El primero de los templos

Paradójica o tontamente, visitamos el primero de los templos en último lugar. Hay un Buda dorado bastante grande en el centro de la sala y figuras todavía mayores en los laterales: son los Cuatro Reyes Celestiales, guardianes de los cuatro puntos cardinales, que suelen encontrarse en la entrada de monasterios y templos (mal rollo dan, desde luego).

La feminización de las deidades budistas

Me queda señalar una cosa que adelantaba antes y que nos llamó mucho la atención. Es bien sabido que todas las religiones tienen puntos en común entre sí, porque compartan un mismo origen o porque se hayan influenciado entre sí. Pero, aun así, me llamó la atención la siguiente imagen de una mujer:

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Es como verse una Virgen María budista, ¿o no? En cualquier caso, quizá no haya imagen más milenaria que la de una madre con su hijo en brazos, pero no deja de ser curiosa la semejanza. No obstante, todavía más curioso es el origen: esa figura era la de un hombre, pero con el paso de los siglos (muchos, por cierto) se le acabó atribuyendo el género femenino por las cualidades con la que describían a esta deidad, que la sociedad piensa más próximos a los rasgos propios de la maternidad: pero solamente para su representación, pues se supone que esta deidad contiene ambos géneros y puede manifestarse en cada uno de ellos. Se trata de Avalokiteshvara (se dice pronto) y podéis ver un vídeo en inglés sobre él/ella aquí muy bien explicado (página web chinísima).

Ahora, si quieres ver y oír realmente todo y algo más de lo que acabo de contarte, tienes la opción de echarle un ojo al siguiente vídeo, que mezcla fragmentos de las distintas partes de este complejo de templos:

¿Tienes curiosidad por cómo será un templo taoísta en la misma ciudad? Puedes leer aquí sobre el de Kai Yuan.

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