Buda Vairocana en el Templo Fengxiansi
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Grutas de Longmen

A unos kilómetros al sur de la ciudad de Luoyang (Henan), hay un escenario muy particular: las grutas de Longmen. Son miles de cuevas y nichos repletos de esculturas, inscripciones y grabados en la piedra. Constituyen muestras budistas que se remontan, las más antiguas, al año 493, aproximadamente. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se descubrió su valor y hoy, desde el año 2000, es Patrimonio de la Humanidad. Resulta increíble adivinar sus gigantes esculturas cuando todavía quedan metros y peldaños, pero es todavía mejor asomarse a sus cuevas y ver las miles de miniaturas de Budas grabadas en relieve en paredes y techos.

Qué son

Fue en ese año aproximado del 493 cuando el emperador Xiaowen, de la dinastía Wei del Norte, decidió mover su capital a Luoyang. Desde ese momento y en adelante, otras dinastías continuaron su trabajo religioso: Wei del Oeste, Wei del Este, Qi del Norte, Sui, Tang y las Cinco Dinastías. Así, lograron formar más de 2300 cuevas y nichos, más de 100 000 imágenes budistas y de 2800 inscripciones. Se convirtió en algo más que rendirle tributo a Buda: también en una manera de continuar esa tradición y demostrar lo que, artísticamente, cada dinastía podía aportar. Y en qué tamaños. La dinastía Tang, por ejemplo, aportó la estatua más grande de todas: Fengxiansi, que veréis enseguida.

Cuándo ir

Aquí entran dos elementos sagrados de los que ya hablamos en Cómo sobrevivir en China sin saber chino: la aplicación Amap y otra que sirva de traductor (Dear Translate, por ejemplo). En primer lugar, para saber el horario. Podríamos guiarnos por lo que se dice por Internet, pero nunca se sabe cuándo puede sobrevenirnos un sustillo por desactualización. Así que vamos a ello:

  1. Copiad y pegad el nombre en chino desde Google… O desde una servidora que ya lo ha hecho: 龙门石窟.
  2. Pegadlo en Amap.
  3. Dadle a lo primero que sale y comprobad que su foto se corresponda (ay, lo de no saber chino…).
  4. Haced una captura de pantalla donde parezca haber números relacionados con el horario.
  5. Traducid la captura de pantalla en nuestra aplicación mágico-traductora.

Mi Dear Translate me tradujo mal a primeras, así que recorté la imagen por donde me interesaba y pudo traducirme correctamente que, a día de hoy (marzo de 2019), el horario es este:

Del 1 de febrero al 31 de marzo y del 8 de octubre al 31 de octubre: 8:00-18:00

Del 1 de abril al 7 de octubre: 8:00-18:30

¡Huye de las zonas turísticas en China durante las fiestas nacionales!

No tiene por qué haber variaciones, pero ya habéis visto que el proceso de comprobarlo es muy sencillo. Además, lo podéis aplicar a cualquier otra búsqueda. Y esto siguiente también: evitad las fiestas nacionales chinas. Es una regla de oro para acercarse a cualquier lugar en este país. Cada vez que hay alguna festividad nacional (como de Año Nuevo Chino, Día Nacional de China -que son siete, no uno-, Día del Trabajador, etc.), todo colapsa. Buena parte de los habitantes del país, que no sé si recordamos con plena consciencia que son millones y millones, aprovechan para viajar. Visitamos estas grutas durante un fin de semana normal y también fue un tanto agobiante. Es decir: si podéis, venid entresemana. Además, durante el verano hace un calor terrible, así que los meses que median entre el invierno y la mitad de la primavera son quizás los más adecuados: marzo y abril.

Cómo llegar

Creo que lo más cómodo es alojarse en la ciudad de Luoyang, ya que es la más próxima a las grutas, o, por lo menos, partir de ella. Si tenéis tiempo, merece al menos una visita de tres días. Tiene varios puntos de interés turístico aparte de las grutas de Longmen, como el Templo Shaolin o el Templo del Caballo Blanco.

Taxi

Para ser exactos, se puede llegar a las grutas de Longmen desde cualquier punto de Luoyang, ya que basta con pedir un taxi por la calle. Nosotros lo cogimos desde las cercanías de la estación de tren este y nos costó 45 yuanes, que son un total de 6 euros. Es un precio que está muy bien para los 18 kilómetros que restan desde ahí hasta las grutas y el traficazo que había. Tardamos unos 45 o 50 minutos en llegar y lo cierto es que no tuve ningún pudor en dormirme junto al conductor, después de no haber casi pegado ojo en toda la noche por haber tenido el valor de reservar asientos duros en un viejo tren de larga distancia.

En nuestro caso habíamos llegado a la estación este de Luoyang (la que en Trip es, sin más, «Luoyang»), pero la ciudad tiene una segunda, que es Luoyang Longmen. Está muchísimo más cerca de las grutas, a unos 6 km, así que el taxi será bastante más barato desde allí, seguramente no más de 20 yuanes. Por cierto, ¡recordad que el conductor debe activar el taxímetro!

Es reseñable que los taxis se mueven por China como Perico por su casa, metiéndose entre los espacios más insospechados, no parando ante ningún transeúnte y consiguiendo que cualquier ateo se haga la señal de la cruz. Eso significa que tarda la mitad del tiempo que un autobús. No quiere decir ello que el autobús respete las normas de conducción (que tampoco tengo claro que las haya), sino que al ser más grande le cuesta más moverse.

Autobús

Pero si tenéis más tiempo del que teníamos nosotros, que íbamos a piñón, el autobús es la opción más barata. Suele costar entre 1 y 2 yuanes y podréis encontrarlos en las paradas que os diga Amap (ya sabéis cómo) o en las mismas estaciones de tren, desde las que salen varios hacia las grutas. Tened en todo momento a mano los caracteres en chino de las grutas de Longmen (龙门石窟) para enseñársela a algún conductor de autobús y que os dé el «sí, yo voy» u os señale a otro.

¡Cuidado con los timos!

Nada más salir de la estación de tren, varias mujeres se nos echaron encima al grito de «Shaolin, Shaolin» (el primer templo budista zen de China, que se encuentra muy cerca de allí y del que hablaremos en otro momento). Como nos interesaba encontrar coche, les preguntamos por las grutas de Longmen. Nos confirmaron que ofrecían taxi y cuando nos dijeron el precio nos echamos a reír. 300 yuanes. Se lleva muchísimo en este país el regateo: ellos ofrecerán sumas astronómicas, con el a ver si cuela, y nosotros no podremos hacer menos, porque desde esa cifra que ofrezcamos tirarán mucho hacia arriba.

Con estas mujeres, chapurreando ambas partes en chininglish y escribiendo a la vez los precios tanto en papel como en nuestro teléfono, acordamos que pagaríamos 60 yuanes. Fue después de hacer varias veces como que nos íbamos y después de irnos de verdad. Nos vinieron a buscar corriendo cuando se nos acercó otro captador. Habíamos decidido acordar el precio con ellas para no perder el tiempo de encontrar un taxi más adelante, cuyo precio seguro que sería algo menor (ya sabéis, 45 yuanes, una diferencia de unos dos euros), pero íbamos a contrarreloj y demasiado cansados por el tren chapucero.

¿Y el taxi?

Ahora viene lo mejor. Conforme nos vamos alejando unos metros de la estación de tren, hacia la derecha, nos encontramos de frente con un espacio con varios autobuses. Y las mujeres pidiendo «money, money». Sí, sí. ¿Y el taxi? Es entonces cuando empiezan a decir «bus, bus». Creo que no puede haber mejor ejemplo que este. Nos ha pasado ya alguna vez; en Shanghai, por ejemplo, cuando éramos muy pipiolos, le dimos dinero de más a un taxista que no puso el contador. Timos. Pero fue esa y no más, así que cuando las mujeres que en un inicio nos habían pedido 300 yuanes, con las que habíamos acordado que finalmente iban a ser 60 para un taxi, ahora nos afirmaban que eran 60 para un autobús, nos plantamos de brazos exigiendo un taxi. Desaparecieron. Había sido esa su primera intención desde un inicio.

Recapitulemos: un autobús vale 1 yuan y habían comenzado pidiendo 300, que son 40 euros. ¿Es picardía la palabra?

Conclusión: estad al loro.

La entrada a las Grutas de Longmen

Tickets a las grutas de LongmenEl taxista nos deja junto al edificio donde se compran los tickets tanto para las grutas como para la lanzadera. El primero cuesta 90 yuanes (a marzo de 2019) y no hacen ningún descuento a universitarios extranjeros, pero sí a chinos. El segundo vale 20 yuanes. La lanzadera es estrictamente necesaria. ¡Insisto! Hay varios kilómetros desde esta taquilla hasta la entrada a las grutas en sí y no hay nada que ver entremedias. Os cansaréis cosa mala entre cuevas, así que procurad ir descansados recortando la distancia con solo esos 20 yuanes. Lo  único bonito de ese trayecto es el río Yi, pero es el mismo en torno al que se sitúan las grutas, con lo que caminaréis junto a él durante toda la visita.

¿Turismo internacional?

Después de dejar la lanzadera, enseñamos el ticket en el primer puesto de control. Enseguida, pasamos junto a los locales donde esperan los guías. Vi durante la visita a poquísimos extranjeros que no fueran asiáticos, como es habitual por estas provincias, y quizá eso explique varias cosas. La primera, que cuando me acerqué a preguntar (en inglés) por una audioguía (en inglés) las trabajadoras se me quedaran mirando con cara de extrañeza y con la risa floja (en qué idioma habla este ser) y que cuando estaba a punto de darme la vuelta (y acabando de decir la consabida frase de «no me entienden un pijo«) al final una dijera que no había, pero sí un guía en inglés privado.

La segunda, que más adelante escuchara hablar -el acento y el contenido- a un guía chino explicando sobre las grutas a una familia angloparlante y entendiera sus caras de «a quién hemos contratado, señor mío de mi vida». En unas palabras, quizá la poca afluencia de occidentales explica que no se hayan dispuesto los mejores recursos para su visita. Y que os aseguréis de que el guía habla bien inglés y tiene algo de idea antes de soltar los billetes, si es que os merece la pena soltarlos.

En qué consiste la visita a las Grutas de Longmen

Para no perderse, podría decir que consiste en seguir a la masa. Pero no, en absoluto. No tiene pérdida: está ordenado al milímetro. Decía antes que las grutas se encuentran en torno al río Yi. Lo acompañan durante un kilómetro a cada lado, aIndicaciones y escaleras a unas grutas de Longmensí que la visita consiste en dos partes. La primera es la orilla a la que te lleva la propia entrada, que es la del oeste, con las mejores cuevas de Longmen. Se trata, sencillamente, de ir subiendo las escaleras que van apareciendo en el lado derecho del camino, en las paredes de roca, para ir admirando desde cerca las estatuas y tallados.

Siguiendo el curso del río, llegamos al final hasta un puente. Ahí comienza la segunda parte de la visita: la otra orilla del Yi, la del este, que se compone de más grutas, ya de menor interés, y de algo que no he nombrado hasta ahora: un templo (concepto actual de templo, no rupestre como las grutas), un mini museo y una tumba. Las grutas se visitan, con tranquilidad, en tres horas, pero si vemos absolutamente todo nos iremos, por lo menos, a las cuatro horas (y media, si además comemos allí).

Tristemente, veréis que muchas figuras están destrozadas y no tiene tanto que ver con las condiciones climáticas como con el temperamento de las sociedades. No solo se han saqueado para venderse piezas luego a museos en Occidente (que todavía mantienen, egoístamente), sino que también se han atacado a propósito con el único fin de perjudicar a la religión en sí.

Estado anímico

Podríamos decir que durante la primera parte se lleva el entusiasmo por bandera, pero que ya al inicio de la segunda no se quiere subir una sola escalera más. Antes incluso de llegar a la mitad de esta segunda parte, probablemente, no queráis ver ya más grutas en vuestra vida.  Siendo sincera, no he leído esta opinión en ninguna parte por la red y no sé si es que no la han escrito por decoro. Aun así, me reafirmo. Las estatuas y grabados son sorprendentes, dignos de ver. Pero cuando ya llevas miles de budas en una mañana, es natural que te quieras ir a tu casa.

Primera parte de las Grutas de Longmen
Principales grutas

La orilla oeste del río Yi es la que ofrece mayor número de piezas religiosas y a distintas alturas. Multitud de escalones nos acercan a cada una de ellas, al igual que nos separan los barrotes. Estos son los nichos más llamativos en tamaño:

Si os fijáis en la primera imagen del mosaico anterior, veréis una flor de loto en el techo. Es bastante común encontrársela dentro de la cultura budista. Simboliza la pureza del espíritu, el liberarse de lo negativo. Es colocarse por encima del lodo que nos rodea, igual que la flor de loto flota en el agua.

Miniaturas

Quizá llamen más la atención por su tamaño las estatuas anteriores, pero creo que lo más impactante de las grutas de Longmen son las miles de cuevas, minúsculas y no tan minúsculas, que pueblan ambas orillas del río Yi. Ellas y las representaciones de templos y Budas en miniatura, excavadas en la roca.

Lo que en la tercera imagen parecen ser minicuadraditos no lo son. Son Budas de apenas un centímetro. Y en cuanto al resto de imágenes, no sé a vosotros, pero a mí me resultan verdaderamente impresionantes. ¡Hay hasta un minitemplo con tejado (primera imagen)! Y todo esto, recordemos, se empezó a desarrollar a finales del siglo V.

Cueva de Fengxiansi

Sin duda, la gruta más espectacular de todas es la de Fengxiansi. Nueve figuras presiden en ella toda la orilla, por su posición en un punto más elevado y por su colosal tamaño. Se construyeron en el siglo VII, durante la dinastía Tang, probablemente por orden de la única emperatriz que ha tenido China: Wu Zetian. En el centro de la cueva, se alza una enorme representación del Buda Vairocana de 17 metros. Lo flanquean sus dos discípulos más próximos, además de dos Bodhisattva y los guardianes del templo, conocidos en la imaginería budista como Reyes Celestiales. Estos últimos, los guardianes, suelen estar en todos los templos budistas y sus colores son muy llamativos. Se supone que deben proteger el mundo; eso ya no lo sé, pero, por lo menos, mal rollo sí que dan (podéis encontrar unos coloridos y enfadados ejemplos en este templo).

Cueva de Fengxiansi en las Grutas de Longmen

Cuando me encontré ante esta estampa de aquí arriba, la primera sensación que me vino a la mente fue de frivolidad. Buena parte de la sociedad china todavía es religiosa y esa enorme figura que encabeza esta gruta es un elemento clave dentro de su religión. Por eso, podemos encontrarnos otras situaciones como la que veis a continuación, que es la de una persona rezando a su deidad. Esa es la razón por la que vi esta estampa tan frívola: una de las máximas deidades (que no dioses) del budismo de fondo y, de frente y a escasos metros, un puesto de venta de fotos y otras cosas. Entiendo que en esta religión no se ha echado a nadie de los templos, pero, vaya, ¿no es un tanto frívolo?

Cueva de Fengxiansi en las Grutas de Longmen

¡Comida!

La hay, así que tranquilidad. ¡Y vegana! Recordad que estamos en medio de un enorme templo budista, con lo que lo de origen animal no se contempla. Nos encontramos algún puestecillo de vez en cuando (no como el anterior, que estaba a medio subir a Comida en las Grutas de Longmenla cueva de Fengxiansi, sino en el camino junto al río) y al final comimos justo tras visitar este último templo. No dudo de que están estratégicamente colocados ahí. Vendían pepinos a mansalva (y la gente se los comía a bocados), pero optamos por noodles (fideos chinos) frescos. Y, como siempre, ¡cuidado con el picante (recordad lo que dijimos en Cómo sobrevivir en China sin saber chino), no entienden lo que es «solo un poco»!

Segunda parte de las Grutas de Longmen

Las aguas del río Yi, al menos por la parte de estas cuevas, está inmaculada y constituye, junto con el resto del paisaje, unas vistas impresionantes. Antes de terminar la orilla oeste tuvimos que ascender varias veces más por distintas escaleras para asomarnos a otras cuevas, pero lo mejor de la subida (si es que había algo bueno en subir más escaleras) eran las vistas.

Vistas del río Yi

Cruzamos el puente al concluir la orilla oeste y enseguida tuvimos la apabullante vista panorámica de todas las grutas. Pero la mejor estampa es la del final de la visita de la orilla este, donde estaremos justo enfrente de Fengxiansi (más adelante lo veréis).

Ahora es cuando empieza lo bueno. ¡Más escaleras! Primero, os encontraréis un pequeñísimo museo con algunas piezas restauradas, pero sin gran interés. Luego, cientos de peldaños más. También, claro, más grutas, pero, como os decía al principio, a estas alturas ya no apetece ver más Budas hasta quién sabe cuándo. Supongo que por eso nos hizo gracia el cartel que veis aquí abajo: «DO NOT CLIMB» (‘no saltes’). Como si a esas alturas a alguien le quedaran las fuerzas o las ganas.Cueva del lado este de las grutas de Longmen

Tras dar alguna vuelta más entre escaleras y grutas, por fin, nos vimos en uno de los lugares que más esperábamos: justo enfrente de la cueva/templo de Fengxiansi. Las vistas hablan por sí solas.

Panorámica de las Grutas de Longmen desde el lado este

Templo de Xiangshan

Después de este paseo, todavía quedan miles de peldaños que subir y bajar y un montón de rincones más, escondidos entre la naturaleza de la zona. Pero lo principal son el templo de Xiangshan y la tumba de Bai Juyi, un poeta de los siglos VIII y IX. En cuanto al templo, fue originariamente construido por la corte imperial para enterrar a un monje indio (llamado Dipoeluo) durante el Período de Wuzhou, es decir, siglo VII. [Esta es la información que ofrecen los carteles por allí presentes, pero no hay ninguna fuente fiable en Google que ofrezca más datos (así que con eso nos quedamos)].

He de reconocer que he visto ya tantos templos budistas chinos que los encuentro muy semejantes entre sí y me han dejado de maravillar como antes. Aquí viene el pero: el templo de Xiangshan tiene algo mágico, y es la localización. Será un templo más, sí, pero está en medio de la naturaleza. Y no solo eso: está en un enclave donde hace más de mil años ya compartían la misma fe y excavaban y esculpían para cumplir con ella. Desde luego, es un lugar precioso para rezar, si ha de hacerse en algún lado.

Tumba de Bai Juyi

Este poeta vivió en esta zona durante casi dos décadas. Fue muy importante dentro de China e incluso se atrevió a criticar la corrupción (siglo VII). Al morir, lo enterraron en lo que ahora se llama Jardín de Bai (Bai Garden), junto a este templo, de cara al río Yi. Fuimos buscando como criaturas perdidas la «tumba» de este señor… y resulta que la tumba «es» el jardín. Hay varios poemas suyos en monolitos por el parque, pero claro… La comprensión en chino, y sobre todo la del chino del siglo séptimo, es ya propósito para otro año.

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